El cuerpo, nuestro tacho de basura...
- hace 2 días
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El dolor que no admitimos, nos estalla en la cara…
Cuando nos hieren, automáticamente nos cerramos para evitar desangrarnos, nos tapamos para sobrevivir…
Y muchísimas veces nos hieren sin darse cuenta. Las heridas que van apareciendo desde que encarnamos en un cuerpo, simplemente suceden. Van provocando pequeños cierres, repliegues y andamiajes blindados para el futuro. Es instinto de supervivencia, simple. Pero ese andamiaje nos aleja, nos blinda para no volver a sufrir.
Sufrimos más. Y es entonces cuando nos empezamos a herir a nosotros mismos, reproduciendo automáticamente lo que padecimos cuando transcurría nuestra infancia.
Todas las personas llevamos una carga de dolor, nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, nuestros hijos e hijas…En inevitable porque estamos vivos.
Desblindarnos y animarnos a desagotar lo que llevamos es necesario para que el cuerpo deje de ser nuestro tacho de basura…
A veces el dolor provoca un hueco tan profundo que nos hundimos en él, como Alicia en el país de las maravillas que caia dentro del hueco de un arbol…Y nos vamos a otro mundo donde no hay dolor pero sí mucha soledad y desconexión..
Cuando expresamos el dolor, nos animamos a ponerle palabras a ese instante tan hiriente, dejamos de huir, de negarlo…
Cuando compartimos el dolor, empezamos a sentir que ese bloque pesado que apenas nos dejaba respirar, se aliviana, retomamos el sueño, aparece el hambre, respiramos ampliamente y nos atrevemos a un instante de diversión; estamos saliendo de la supervivencia…
Cuando compartimos el dolor, sentimos un abrazo amoroso que acompaña a asimilar y procesar lo vivido…
Cuando compartimos el dolor, creamos puentes sinceros de vulnerabilidad a vulnerabilidad, porque quien acompaña siente el eco del dolor también…
Cuando compartimos el dolor, descubrimos que la incomodidad es parte del crecimiento y del cambio…
Cuando expresamos y compartimos nuestro más profundo dolor, ese que esta anestesiado, empezamos a querernos, a aceptarnos y a dejarnos cuidar…
El dolor puede ser puente a nuevos vínculos amorosos…vínculos que nos devuelven con su escucha atenta, la confianza en la vida…



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